La industria avícola se encuentra ante una nueva e innovadora técnica que promete revolucionar la forma en que comemos pollo: el pollo cultivado en laboratorio. Esta tecnología, que aún se encuentra en fases experimentales, utiliza células madre de pollo para «cultivar» la carne de estas aves sin necesidad de criar al animal entero.

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Orígenes de la Tecnología

La idea de cultivar carne en un laboratorio no es nueva. Ya en la década de 1990, la NASA investigó la posibilidad de cultivar tejidos animales para alimentar a los astronautas durante misiones espaciales prolongadas. Sin embargo, los costos resultaban prohibitivos. En los últimos años, diversas empresas han retomado esta línea de investigación impulsadas por los avances en biotecnología y la necesidad de buscar fuentes de proteína más sostenibles.

El Concepto de los «Pollos Cultivado»

La idea central del concepto «pollo cultivado» es utilizar células madre extraídas de pollos vivos y hacerlas proliferar en biorreactores para que se transformen en fibras musculares. De esta forma, es posible obtener carne de pollo real sin necesidad de criar y sacrificar a las aves.

Al carecer de cerebro, órganos y sistema nervioso, este tejido cultivado tiene la misma textura y sabor que el pollo convencional. La gran diferencia es que crece en un ambiente controlado de laboratorio, lo que permite estandarizar la calidad, la composición nutricional y la inocuidad del producto.

Ventajas de la Tecnología

Retos de la Tecnología

Pese a su enorme potencial, esta tecnología enfrenta aún importantes desafíos antes de llegar al mercado masivo:

Los costos actuales son elevados, al requerir biorreactores complejos y mucho trabajo en laboratorios especializados. Reducir estos costos mediante economías de escala y avances tecnológicos es indispensable para competir con la industria avícola tradicional.

Existe incertidumbre sobre cómo reaccionarán los consumidores ante un producto tan disruptivo. El marketing y un adecuado trabajo de concientización sobre sus beneficios será clave para ganar aceptación.

Los marcos regulatorios actuales no están adaptados para supervisar y controlar esta nueva categoría de producto. Será necesario desarrollar nuevos protocolos y estándares para garantizar la seguridad alimentaria.

Hay interrogantes por resolver sobre bienestar animal y ética. Si bien técnicamente no son animales vivos, sí se requieren donantes de células madre para iniciar el proceso productivo.

Empresas Pioneras para crear los pollos

Actualmente, hay varias startups trabajando en esta tecnología para llevar el pollo cultivado al mercado lo antes posible:

Eat Just: Con sede en San Francisco, desarrolla pollo, ancas de rana y foie gras cultivados. En 2020, su pollo cultivado fue el primero en ser aprobado para venta en un restaurante de Singapur.

Future Meat Technologies: Fundada en 2018 por científicos israelíes, desarrolla un proceso único de cultivo en la superficie de sustratos comestibles. Cuentan con instalaciones de 1500 m2 para desarrollar su tecnología de próxima generación.

SuperMeat: Empresa israelí que trabaja desde 2015 en la producción acelerada de pollo, res y cordero cultivados. En 2022 presentaron el primer pollo cultivado kosher del mundo.

Perspectivas a Futuro

Si bien aún deben superarse importantes desafíos, el potencial de esta tecnología para cambiar la industria alimenticia global es enorme. Se estima que los primeros productos podrían estar disponibles para 2025 en ciertos restaurantes exclusivos y alrededor de 2030 para el público general.

Para 2040, algunas proyecciones estiman que esta nueva categoría podría abarcar el 35% del total del mercado mundial de carne. Y para 2050, la mayoría de la población podría tener acceso regular a proteína animal sostenible cultivada en laboratorio, transformando para siempre nuestra relación con los alimentos y el planeta.

Impacto Social que tendran los pollos cultivados

El desarrollo de pollo cultivado en laboratorio tendrá también profundas implicaciones sociales al democratizar el acceso a proteínas de alta calidad.

Actualmente, consumir cantidades adecuadas de carne es un privilegio al alcance de pocos. Según la FAO, unos 3 mil millones de personas en el mundo no pueden pagar una dieta saludable. La carne cultivada podría ayudar a combatir la malnutrición al volverse significativamente más económica.

Aspectos Regulatorios

Otro tema clave será cómo los gobiernos y agencias regulatorias deciden supervisar y categorizar a estos nuevos productos.

¿Se considerarán carne o llevarán otra denominación diferente? ¿Cómo se etiquetará su empaque? ¿Qué estándares sanitarios deberán cumplir las instalaciones productoras? Son sólo algunas de las muchas preguntas normativas que la irrupción de esta tecnología plantea.

Algunos países como EEUU y los de la Unión Europea ya están debatiendo propuestas sobre este nuevo sector. La legislación que finalmente se apruebe determinará en gran medida el marco para el desarrollo comercial de la carne cultivada en las próximas décadas.

Una cosa es segura: los pollos tradicionales pronto compartirán las granjas y los platos con sus primos de laboratorio. Y es posible que para muchas futuras generaciones esta sea la única carne de ave que lleguen a conocer. La revolución de los pollos cultivados recién comienza.

Aspectos Éticos

Más allá de lo tecnológico y económico, el desarrollo de pollo cultivado plantea también sensibles cuestionamientos éticos que como sociedad debemos abordar.

Uno de los principales tiene que ver con el bienestar animal. Si bien técnicamente el músculo cultivado no proviene de un animal vivo, sí se requiere extraer células madre de pollos vivos para iniciar el proceso.

Esto significa que deberán existir granjas de «donantes» o bancos de células madre para abastecer a la naciente industria. Es importante que la comunidad científica y los entes regulatorios desarrollen protocolos éticos estrictos para el cuidado y manejo responsable de estas aves donantes.

Otra interrogante ética tiene que ver con la «naturalidad» de estos productos, que para algunos consumidores podrían resultar demasiado artificiales o procesados. La percepción pública jugará un rol central para determinar la aceptación de esta fuente emergente de proteínas. Una discusión transparente y con información contrastada será clave en este proceso.

Asimismo, este nuevo sector industrial atraerá grandes inversiones con el afán de obtener lucro. Es importante que la carrera tecnológica y las expectativas económicas que despierta no opaque otros aspectos igual de relevantes como la equidad, la inclusión social y la distribución ética de los beneficios de esta innovación.

El camino por delante estará lleno de dilemas éticos apasionantes. Pero si como sociedad logramos abordarlos con responsabilidad, el potencial de mejora en la vida de todos es enorme. Los pollos cultivados representan una pequeña muestra de la capacidad transformadora de la tecnología cuando va de la mano de nuestros más altos ideales humanos.

Controversias y Mitos

Como toda innovación disruptiva, la carne cultivada también genera controversias, mitos y desinformación que es importante abordar.

Uno de los principales mitos es que se trata de carne «artificial» o sintética. Esto es incorrecto: si bien se produce en laboratorios, el músculo cultivado proviene de células madre vivas y tiene la misma composición bioquímica que el tejido animal tradicional.

Otra creencia falsa es que su sabor y textura serían inferiores por ser «de imitación». Las empresas del sector aseguran que, al controlar muy finamente el proceso de cultivo, logran un producto idéntico e incluso superior al pollo habitual en términos organolépticos.

Algunos críticos señalan también posibles riesgos para la salud por el uso de sueros fetales bovinos y otros compuestos en el proceso productivo. Sin embargo, los protocolos de sanidad y bioseguridad aplicados garantizan que el producto final sea inocuo para el consumo humano.

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Asimismo, la industria avícola tradicional se muestra reticente y advierte sobre los impactos socioeconómicos para los productores locales si esta tecnología desplaza al pollo común. Sus defensores argumentan que al ser más eficiente ayudará a reducir costos a largo plazo.

Se prevé también debate en torno al nombre comercial que llevarán estos productos, pues legislar sobre su rotulado será clave para evitar confusiones con el concepto tradicional de carne para los consumidores.

Más allá de las lógicas polémicas iniciales frente a esta novedad, lo cierto es que el rigor científico y una discusión social responsable serán vitales para despejar dudas y tomar las mejores decisiones sobre esta tecnología en desarrollo.

 

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